En el corazón de la Sonsierra, hay proyectos que nacen desde el respeto profundo por la tierra. Bodegas Moraza es uno de ellos. Una bodega familiar que lleva generaciones trabajando en ecológico y que fue pionera en introducir la biodinámica en Rioja Alta.
Como explica Janire Moraza, cada parcela, cada altitud y cada suelo cuentan una historia distinta. Y su objetivo es claro: intervenir lo mínimo para que el vino exprese con honestidad ese territorio único.
Fermentaciones espontáneas, trabajo por gravedad y envejecimientos en hormigón. Decisiones que buscan preservar lo esencial: la variedad, el paisaje y el microclima de la Sonsierra.
Porque trabajar con certificación ecológica no es una tendencia.; es una forma de entender la vida, el viñedo y el futuro.
Acción financiada por el Gobierno de La Rioja.




